Testimonio de un buscador: “César, no te hacemos caso”

 

César – Hola Miguel.

Participante – Hola César. Debido a un trabajo que ahora estoy haciendo puedo escucharte mucho más tiempo cada día – le dedico, prácticamente, como seis horas al día para ver los videos que vas grabando – y, me doy cuenta de que, prácticamente, todas las preguntas que se te hacen no son más que el intento de la mente de seguir sobreviviendo.

César – Correcto.

Participante – Porque, invariablemente, tú apuntas casi exclusivamente a aquello que puede acabar con la mente, que es autoatención [indagación].

César – Correcto.

Participante – Simplemente, yo soy.

César – Correcto.

Participante – En mi experiencia veo que el yo soy es…

Cuando me digo: “Voy a ponerme a indagar”, eso ya está siendo atestiguado por el Ser.

César – Claro.

Participante – Entonces, pareciera que hay una persona que se pone [a indagar], y no es así; es el Ser que se contempla a Sí mismo, la ecuación básica y definitiva – que es la única y simple Verdad: Yo Soy. Y no es necesario absolutamente nada más. Entonces, veo que todas las preguntas son un sutil intento de la mente… Es como si la mente supiera esto y se te pregunta de todo menos de eso.

César – [Asiente].

Participante – No se te hace caso en, justamente, la única indicación, la única “receta” que cura el sentido de separación. Porque ese yo soy, cuando el Ser se contempla a Sí mismo, no permite que nada ilusorio se entrometa entremedias, lo deshace completamente, deshace el sentido de separación si uno se mantiene firme en ese conocimiento yo soy.

César – [Asiente].

Participante – Ese contemplarse a uno mismo no permite, en absoluto, ninguna irrupción de la ilusión. Y, como la ilusión más tenaz y la que más inercia tiene – y la génesis de todo es el sentido de separación – es la idea o creencia “yo soy el cuerpo”, entonces hay como una especie de intuición (yo lo veo, lo veo en mí, lo he visto en mí en otras ocasiones y lo veo en la gente) no se te está prestando atención. O sea, en cuanto das “la receta” la mente busca inmediatamente la supervivencia preguntando sobre otra cosa, sobre otra cosa, y sobre otra cosa… Ninguna relacionada con lo único que estás diciendo que hay que hacer: autoatención, autoobservación, yo soy. Es así de sencillo….  

César – [Asiente].

Participante – Yo… no sé, llevo 40 años de búsqueda (tan torpe soy) … Y, ha sido gracias a esto. Lo he visto muchas veces con la infinidad de libros que he leído, pero ha sido la presencia de un maestro vivo, que ha sido la indicación certera de lo único que hace falta, la autocontemplación, ¡nada más!: yo soy.

César – [Asiente].

Participante – Y todo lo que se salga de eso, cualquier otra pregunta, es un mero intento de la mente de seguir sobreviviendo. La mente dice que “sí”, con la boca pequeña dice que quiere. Decimos que queremos liberarnos de la mente, pero – como somos la mente cuando hay identificación – no queremos morir como mente y hacemos de todo: asistimos a las reuniones, etc., pero sin hacer ni puñetero caso a lo que dice el maestro: simplemente, autoobservación, yo soy. Simplemente, ahora lo veo clarísimo.  

César – [Sonríe].

Participante – Por eso decía el otro día que me dabas un poco de compasión porque veo que – a través del mucho tiempo dedicado a los videos que estoy viendo ahora – veo cómo nos evadimos continuamente de esa “receta”, continuamente. A cada pregunta es otra evasión, de nuevo, otra evasión. Es imposible que la mente quiera enfrentarse a su propia desaparición, sabiendo – como se le está diciendo una y otra vez – que, simplemente, es autoatención. Así de sencillo.

César – [Asiente].

Participante – Lo digo un poco de cara a mis compañeros – por la experiencia que tengo de tantísimo tiempo – que leer nunca ha sido efectivo porque nunca he hecho la práctica que debería haber hecho. Que, en mi caso, ha sido todo leer, intentar comprender mentalmente, etc., …De todo excepto sentarme y ponerme en autocontemplación y abandonar todo conocimiento, toda duda, todo interés en cualquier otra cosa que no sea lo que me está recomendando el maestro vivo… y que es una única cosa, es autoobservación. No sé cómo lo ves…

César – Es correcto. Yo solamente puedo enviar la pregunta de nuevo. Solamente puedo hacer eso que a la gente se le olvida hacer o no quiere hacer: ¿Quién?, ¿quién?, ¿quién?, ¿quién?, quién… Y no [distraerse con los] ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, y ¿por qué?

Es un círculo vicioso creado por la mente: otro objeto más. Por ejemplo, que si la respiración, que si esto, que si esto, que si lo otro… Y no se acaba nunca, así no se acaba nunca. Hay una percepción de algo – digamos, por ejemplo, la respiración – y la mente, automáticamente, crea la relación sujeto-objeto: la respiración es el objeto de la experiencia y “yo” soy el sujeto de la experiencia. Lo percibo como separado, por lo tanto, pregunto acerca de ello.

Participante – En ese interés, en esa curiosidad intelectual que he tenido siempre – yo recuerdo que hace 40 años empecé con la filosofía occidental – me dí cuenta que con la filosofía occidental me pasaba una cosa curiosa, que era que como cada filósofo tenía montado un entramado lógico que se autosostenía, pues yo iba dándole la razón a todos… Uno por uno, decía: “Pues sí, éste es”. Y luego, pasaba con otro que tenía otra manera de ver las cosas – pero también con la consistencia lógica dual que tenía su entramado conceptual – y decía: “Ah, pues no, en realidad es éste otro”. Y pasaba de uno a otro dándole la razón a todos. Pero, finalmente, me di cuenta de que ninguno de ellos ha superado el dilema sujeto-objeto. O sea, que todos parecen buscar la Verdad, pero nadie ha superado el: “yo, esto”, “yo, lo otro”, “yo, pienso sobre” …

César – [Asiente].

Participante – Entonces, es cuando recalé un poco en la filosofía oriental, que ya no era mera charla de salón; para ellos era algo vivo, algo evidente. Sin embargo, la filosofía occidental es como si te pones en un café a deliberar sobre lo humano y lo divino, pero sin evidenciar absolutamente nada, solamente el montar un entramado conceptual.

César – Correcto.

Participante – Y fue a partir de ahí cuando me acuerdo que surgió el libro “Yoga Vashista”, cuando fue todo un descubrimiento y empezó ya el libro diciendo: “Solo hay una masa de Consciencia infinita”. Y, a partir de ahí – como tú dices, eso empezó por ahí –, pero luego, lo explicó de mil millones de maneras. Y todas ellas apuntaban a la superación de, precisamente, el dilema sujeto-objeto (que era donde acababa la filosofía occidental y ahí empezaba el yoga Vashista). Y después, leí pláticas de Ramana Maharshi, de Nisargadatta… Ya se evidenciaba que ahí había una Verdad Viva y evidente, ya no se trataba de charlar, y charlar, y charlar… de pensar.

César – ¿Así lo define?, ¿[lo nombra] como una “masa indivisible de Consciencia”?

Participante – Sí, decía que era una “masa de Consciencia infinita”. Consciencia Infinita, como una masa en el sentido de que…

César – “Masa” quiere decir una sola…

Participante – Como una masa de arcilla que no ha tomado forma, …una masa de Consciencia.

César – …Digamos, una sola. No hay diferentes masas, es una sola masa.

Participante – Una sola masa que lo era todo. Claro, me resonaba tanto eso después de haber tenido tanta empanada de conceptos que fue toda una alegría el saber eso. Porque, además, simplemente tenía fe completa en lo que estaba sonando allí. Pero el problema que tuve es que luego, fui de libro en libro, siempre leyendo sobre lo mismo, pero nunca haciendo la práctica de autoobservación, o muy pocas veces.

César – [Asiente].

Participante – Entonces, lo digo – en base a mi experiencia – para cualquier otra persona que tenga interés conceptual en la espiritualidad: no le va a ayudar estar mil vidas leyendo libros espirituales si no hace lo que el maestro le recomienda. Y, por mi experiencia, tiene que ser un maestro vivo. Si lees libros de maestros que ya no están (que no están encarnados, o llámalo como quieras), … El Poder de la Palabra o de la Verdad misma de un maestro vivo, el efecto que tiene, no tiene nada que ver con cualquier cosa que creas entender a través de un libro. Es así… Por lo menos en mi experiencia ha sido así. ¿Es así?

César – Correcto.

Participante – Y no porque las palabras… Porque, por ejemplo, lo que dice César lo he leído muchas veces, muchas de las cosas que dice, muchas veces, pero no, no, no. Es la autoridad viva del maestro y lo que te está diciendo en ese momento, la que tiene el efecto… obviamente, si le hacemos caso. Sí, tú a todo el que entra le dices que “haga” autoobservación, pero hace de todo menos autoobservación; pues si no se toma “la pastilla”, entonces, obviamente, no. Al menos, así lo veo yo.

César – Es que el conocimiento espiritual también es un objeto. Y es uno de los objetos a los que, al final, la mente se aferra: a los conceptos. Y, tratando de buscar claridad acerca de los conceptos lo que hace es apegarse al concepto. Pero cuando le dicen que se aferre al concepto “yo”, dice: “Si hago eso, desaparezco”.

Participante – Pero, intuitivamente, la mente lo sabe. O sea, creo que evitamos activamente… Por ejemplo, es como si paseáramos por cerca de un pozo profundo y, entonces, la mente ya sabe por dónde no tiene que pisar. Intuitivamente lo sabe y, entonces, inconscientemente… Es verdad que lo hace de manera inconsciente, pero le dices: “estás evitando esto (indagar) a través de tus preguntas, una y otra vez”.

César – [Asiente].

Participante – Que lo hagamos inconscientemente no significa que la mente no sepa intuitivamente sentir aquel punto en el que se ve desaparecer y que es, precisamente, el yo soy. El yo soy es la contemplación del Ser, por Sí mismo, para Sí mismo… Y, entonces, no caben entre medias ahí – como es pura Verdad, pura Realidad – no cabe ninguna ilusión en medio: o el ego desaparece si se interpone, o se disuelve o, simplemente, se ve como lo que es: insustancial e ilusorio. Ese es el punto ciego en el que la mente no osa pisar. Y si pisa – porque cree que lo hace el personaje – el pobrecillo va allí a hacer esa práctica, inocentemente, sin saber lo que le espera, porque si lo supiera no lo haría, estoy seguro de que no lo haría.

César – Sí, es un mecanismo de defensa de la mente.  

Participante – Sí, es que la mente tiene defensas a miles. En ese sentido, yo recuerdo… bueno, es de otra tradición… Por ejemplo, en el Curso de Milagros dice: “En mi indefensión radica mi seguridad” (o algo así). Es decir, el ego yo lo veo como lleno de defensas, como una caja fuerte que pretende defender algo y resulta que dentro de la caja fuerte no hay nada. O sea, no hay ego; el ego no existe y, sin embargo, se rodea de infinidad de defensas para proteger ¿qué?… algo inexistente.

César – [Asiente].

Participante – Entonces, sí que esa indefensión para mí es como una especie de rendición. Es decir, vea la amenaza que vea, yo quedo indefenso ahí, en la fe última – porque tiene que haber una fe última que te sostiene y que es la Realidad – y que te creas lo que te creas, al final no puede sucederte nada como Realidad. Es esa fe la que quizás te permite osar, atreverte a entrar ahí, en la autoindagación para ver tu propia desaparición.

César – [Asiente].

Participante – Ahora que se ve clara “la receta” que tú dices de “la autoobservación para cualquier cosa que la mente, con sus trucos, etc.  Siempre es la misma “receta”, autoobservación: ¿A quién le sucede? Autoobservación”. Siempre es la misma y no va a cambiar eso. Es el método supremo, directo, durante milenios y no puede cambiar en todo lo que, aparentemente, venga. No va a cambiar el método porque va a ser tan simple como el Ser contemplándose a Sí mismo. No hay otra.

César – [Asiente]. No hay ni nueva práctica, ni nuevo Conocimiento. Claro, se tiene paciencia con el buscador, porque ¿qué culpa tiene?, está saturado de cualquier cantidad de cosas.

Participante – Y, también me doy cuenta de que los maestros de la Verdad, no tienen muchos seguidores precisamente por eso, porque no son de multitudes.

César – [Asiente].

Participante – Si hay una multitud…, cuando veo una multitud y un maestro encima de un trono con toda la parafernalia, digo: “por aquí no es” … No ya por el maestro en sí, sino porque el ego no va a querer un maestro auténtico. Va a ser muy minoritaria la persona que va a querer…

César – [Asiente].

Participante – Sí, el ego va a querer felicidad, va a querer cualquier cosa, pero, ¿conocerse a sí mismo y pagar el precio que hay que pagar para conocerse a sí mismo? (que, a veces, fenoménicamente, te vienen cosas que no son nada agradables). A veces no es nada agradable la autoindagación y los resultados que tiene. Eso lo quiere muy poca gente.

César – [Asiente].

Participante – Muy poca gente quiere la Verdad, quiere felicidad, quiere paz, pero paz sin perder el sentido de separación. Esa es la contradicción: quieren – o queremos – algo que implicaría nuestra propia desaparición, pero lo queremos sin desaparecer. Esa es la dificultad: “Quiero algo que no puedo obtener porque yo no estaría ahí para recibirlo”. No lo puedo tener, … O sea, el sentido de separación es la génesis del sufrimiento. Entonces, queremos dejar de sufrir, pero conservando el sentido de separación. Y de ahí que sea tan minoritario el seguimiento de los maestros auténticos de verdad. Porque la gente no quiere morir; es así de fácil, no quiere desaparecer, no quiere…, como mente, la gente quiere seguir existiendo separada.

Entre eso y la fascinación del mundo… que, bueno…, yo en mí mismo también lo notaba: “Sí, mi prioridad es esta”, pero la compartía con el mundo, con otras tantas tendencias mentales, con otros tantos deseos. Pero no se puede servir a dos señores a la vez. Sí, hay tendencias arraigadas y queremos seguirlas, pero, a la vez, queremos seguir lo otro…

César – [Asiente].

Participante – O se convierte en algo completamente prioritario y único o, como decía Sankara: “El que no aprovecha el nacimiento de un cuerpo humano para el Autoconocimiento comete suicidio”. Así de claro, porque esta vida pasaría totalmente infructuosa y vendría otra existencia totalmente infructuosa: ilusión, ilusión, durante miles de años ilusión y sufrimiento.

César – [Asiente].

Participante – … Pero claro, ¿qué es lo que te da ese verdaderamente el querer saber lo que eres? Tampoco lo has elegido es algo que, ¿por qué tengo interés en esto cuando podría haber tenido interés en cualquier otra cosa? Como tanta otra gente que, la inmensa mayoría, no se interesa por nada de esto.

César – …También está predeterminado.

Participante – Pues nada más, César.

César – Correcto. Lo que dices es correcto, correcto.

Participante – Muchas gracias.

César – A la orden.

 

 

Transcripción del extracto del Satsang del 24 de mayo 2024 publicado en el canal de YouTube de César Teruel como 24-05-2024 Español.


Primera reunión. Tiempo – Minuto 1:00:20 a minuto 1:21:15.
https://www.youtube.com/watch?v=EyqCUd9B0pA


Testimonio de un buscador: “César, no te hacemos caso”.


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