Participante – Hola César, lo que voy a exponer es una situación un poco complicada con la familia que me ha alterado mucho. Veo un involucrarme exagerado que ha explotado. Me ha afectado a nivel físico porque el cuerpo se ve muy influido por la emociones fuertes. En esos momentos la indagación se va al carajo. Tú dices que en estos casos contemos hasta diez, yo no cuento ni media. Me veo demasiado involucrada.
Después, tiendo a evaluarme, me digo: “Nidia, tú estás muy baja, el ego siempre…” Una quiere que la situación se resuelva, que la situación fuera bonita … También hay ese querer huir, arreglar la situación, pero al mismo tiempo huir. Por ejemplo, hoy tuve hoy que salir [de casa]. Me acuerdo de Baba, que decía que cuando hay situaciones en las que se da un encontronazo muy fuerte a veces es bueno abrir una ventana o salir.
(…)
Pero también me observo y veo que es una manera de huir porque sé que hay un problema y no se va a resolver escapando a otro sitio, que el problema está aquí. Yo, que me creo ser una persona agredida, me lo creo del todo, y en ese momento me involucré de una manera que casi “hice a los puños”. No llegó hasta ese extremo, pero ha sido muy fuerte. No sé, obviamente, lo que tengo que hacer es indagar ¿a quién le vienen esas cosas?, porque después sí: “¿quién está en medio de esto?”.
César – Si uno puede lograr hacer esa pausa… Bueno, como tú dices, no pudiste, no llegaste ni al uno… [risas].
Participante – No, ni al medio.
César – Está bien. La mente también se autoevalúa, se define y se redefine, es su imagen. Y la imagen que tiene es lo que piensa de ella misma: “que lo hice bien, que lo hice mal, que me equivoqué, que tuve una recaída”. Y, ¡ohh María purísima!… Pero si uno lograra – aunque fuera por un segundo – esa pequeña pausa, automáticamente, la mente se sumerge en su Fuente. Y, cuando sale [de la pausa] el comportamiento cambia, es diferente, porque [la mente] viene permeada de la paz de su Realidad, y puede decir lo que tenga que decir y hacer lo que tenga que hacer…
A veces, lo que tiene que ser, es decir: “¿sabes qué es la cosa? … yo ya vengo, no, yo no voy a discutir con nadie, ya vengo” … Y así, puedes salir por la puerta sin batuquear puertas, ni tener que ir pateando nada por el camino [risas].
A veces pasa, sí, con alguien que es muy cercano a ti, un familiar, … “Hermano yo lo lamento, pero si me van a pedir algo que sea la bendición, porque plata no tengo, o tiempo no tengo, para eso no. Lo lamento”. Puedes ser firme, pero a la vez estar tranquila.
Participante – El problema es que yo no estoy tranquila, se me queda eso. Me afecta incluso a nivel de la presión arterial, me sube fuerte la presión.
César – Es interesante. Literalmente es un impulso, es energía. Esa energía viene condicionada o teñida por el pensamiento. El pensamiento necesita de esa energía, de esa imagen. Por ejemplo, la luz es neutra, pero pareciera que tomara la forma de …, toma la energía y la convierte en lo que sea que surja en ese momento. Y generalmente, es [algo] aprendido, es pre-concebido, quiere decir que fue conocido a priori; “pre” es antes.
Participante – Por ejemplo, la cuestión kármica, digamos que yo no le he prestado atención a otras vidas pasadas, aunque tú hablas de después, sobre todo, que ya estaban en estas enseñanzas. ¿Podría ser una cuestión kármica que venga arrastrando de otras vidas? Y, entonces, ¿qué importaría eso?
César – Mi vida entera, de principio a fin, es karma. Karma realmente significa acción, en este caso [acción] que deriva de tendencias, de preconcepciones, del pasado… es algo aprendido. Y aquí se repite, se recrea la historia: re-crear, re-petir, re-actuar, re-accionar, re-encarnar, re…
Participante – Es un círculo vicioso.
César – Eso es samsara, ese es el ciclo de nacimiento. El que nace en ese momento es el ego y el que muere en ese momento es el ego. Eso es samsara o karma, o sufrimiento.
“Madre solo hay una, mi Señor, ¡y justo vino a tocarme a mí!” [risas] … O lo que sea. Uno se va dando cuenta – tal vez no del ego –, pero sí de cosas.
Por ejemplo, cuando yo crecí, yo creé el conflicto ¿ok? Mis padres se separaron y yo no tenía ni un año de nacido. Crecí bajo la impresión de que la esposa de mi papa, mi madrasta, creí que era mi mamá; y a los once o doce años me enteré de que no… y se me cruzaron todos los cables: “¿qué? ¿Y entonces?”, “te engañaron, te mintieron”. Pierdes las confianza y pierdes el respeto. Y eso es conflicto. Entonces, la historia: “¿quién es el bueno y quién es el malo de la película?”.
Después conocí a la otra parte de la película. El uno me decía que éste era el bueno, el otro me decía que éste era el malo. Y yo en medio y la cabeza [como un bombo]. Y las consecuencias… –porque yo era adolescente, tendría once o doce años – te rebelas, sales a la calle, quieres aliviar todo eso. Le metes al cuerpo lo que sea para que te calme todo eso o para experimentar. Y, durante muchísimos años el que sufre es uno, no ellos, yo. El que está sufriendo de todo soy yo, pero por mi propia reacción.
Me acuerdo que estaba sentado en un parque (tendría como diecinueve o veinte años) y pensé – esas cosas que te caen en la cabeza como un saco de ladrillos –, espérate, ya va: “Cuando yo nací, toda esta historia ya estaba montada, yo no tengo absolutamente nada que ver con esto, no tengo nada que ver con esto. Eso es problema de ellos, los que se casaron son ellos, los que se divorciaron fueron ellos… Yo no tengo nada que ver con eso, yo nací en medio de eso, pero yo no tengo nada que ver con eso”. Y sueltas. Y eso te hace cambiar la perspectiva del uno y del otro. Dices: “Bueno tenían razón…, yo era muy niño, estaban esperando que tuviera la suficiente madurez para asimilarlo”. Después, a los años, te das cuenta de que tenían razón de haberte ocultado esto, porque no querían que me fuera para allá, porque esto realmente no era tan bueno… Y vas poniendo todo en orden. La forma de ver las cosas cambia. Al final dices: “Bueno, ellos realmente hicieron lo mejor que pudieron de acuerdo con lo que creían que era lo mejor. Pero yo, como tal, no tengo nada que ver con eso”.
Participante – Liberador.
César – Completamente. Y veía que, de allá para acá [de ellos hacia mí], todavía había un conflicto y todavía yo era una especie de amenaza para la familia, y para otros miembros de la familia también. Hasta tal punto que, cuando tenía como unos veinticinco años, llamé a capítulo a la familia y le dije a mi padre: “Háganse un favor y háganme un favor” – yo ya estaba divorciado, tenía dos hijos, para mi corta edad ya había quemado bastante, ya había hecho bastante –. Dije: “Háganme un favor, y háganse un favor, sáquenme del testamento, renuncio a todo.” Dijeron todos: “¿qué?”. “Sí, … sáquenme de ahí. No sé lo que piensa él, ni lo que piensa él, y él, y él … Yo lo que quiero es que cada vez que llegue a casa nadie esté pendiente de revisarme el bolso para ver lo que me llevo, o que con qué intención vengo; no, yo quiero estar con mi familia, eso es todo, y pasar un buen rato con ustedes.” Sueltas.
Uno también tiene que darse cuenta que el otro es inconsciente, que el otro no es malo porque quiera ni porque pueda, sino porque no le queda otra; todo eso es aprendido y si te pones a buscar la razón, realmente no hay ninguna. Al final, ¿sabes qué?, “o le saco la cabeza o le saco la cabeza, porque esto no tiene ni pies ni cabeza, ni principio ni fin, ni causa ni razón, ni nada”. Entonces, dices, “no”. Al final sacas la cabeza. No es que le sacas la cabeza a algo, sino que sacas la cabeza que le mete la cabeza a algo… ya no tienes nada en qué pensar.
Participante – Destacarse, tomar la posición de…
César – Ninguna posición. Al principio sí, la posición del testigo; pero la idea, incluso la idea de ser un testigo desaparece. Simplemente queda Ser, ni siquiera ser testigo, sino Ser. ¿Ser testigo de qué? ¿Dónde está el “otro” que uno va a atestiguar? Si solo Yo soy, ¿qué voy a atestiguar? Yo soy esta solitaria Existencia Absoluta, porque ahí no hay nadie más.
Al principio, si el ego no ha desaparecido por completo, pero hay ciertos momentos de claridad, uno [se asusta]: “¡Uy, aquí no hay nada, solo yo!” El ego interpreta esa soledad o, mejor dicho, esa solitud… una cosa es sentirse solo y otra cosa es la soledad. La soledad es la única realidad que hay: Yo Soy, sólo Yo Soy.
Entonces, no sé…, si en ese momento no puedes hacer nada buscas un espacio, no sé… [Dices]: “Ya vengo, voy al baño”. ¿Qué van a hacer?, ¿tumbar la puerta?
Participante – [Risas]. Me tranco en la habitación.
César – Exacto. Y ahí hago la pausa.
Participante – Pero, a veces me sucede lo contrario, que es mi hermana la que se encierra en su habitación y soy yo la que voy a buscarla.
César – [Risas] “A mí no me dejes con la palabra en la boca”.
Participante – El ego dice: “¿Cómo me vas a dejar aquí sola?, hay que desollar el pollo …”. [Risas].
César – Claro, el ego le dice al otro: “No me dejes solo porque si me dejas solo ya no tengo nada que hacer”. Si el sujeto se queda sin el objeto, “ahora ¿con quién voy a pelear?”. Y, si el otro no se va o yo no me puedo ir, bueno, entonces te conviertes en un buen oyente: “Oh, sí; ah, …claro, claro, sí; … me imagino, entiendo; … entiendo, sígueme contando; …”.
Participante – Y el ego se regodea en esas cosas porque le dan vida.
César – Ramana no tenía ese problema. A veces, le decían una cosa y se ponía a mirar hacia el lado contrario … Alguien hablando por aquí y Ramana [sin hacerle caso] mirando por la ventana a las ardillas o a lo que fuera. Porque al ego hay que ignorarlo a menos que sea puro. Porque, al menos, éste no tiene problemas y es armonioso. Pero el ego es el ego, no es ni tuyo ni el mío, el tratamiento es el mismo.
Y mientras vayas atendiendo esos momenticos de paz – que no es la paz del bosque ni el silencio del mar – sino que [es esa paz que] está allí en el medio de toda esa tormenta, está allí siempre presente. Y, espera hasta que te des cuenta de la vitalidad de esa paz, de cómo es realmente. Porque no es un silencio inerte, no es un vacío, no una vacuidad.
Entonces, dices: “Uff, indiferentemente de lo que pase afuera (hermana, tío, primo, dolor, enfermedad…) ahí está [la paz]”. Y la mente prefiere, “el toro” [mente] prefiere quedarse en casa que salir al campo de al lado y que le caigan ‘a palos y a piedras’. Porque si no, termina corriendo para la casa. “¿Para qué sales?, ¿no?”.Como dicen aquí, en la isla: “Muchacho, ¿y a usted le mandaron a eso?” [Risas]. “¿Usted vino o lo mandaron?”. Pero, ¿por qué sale “el toro” [mente]? Es inconsciente, se le olvidó; y la tendencia a saltar está ahí, otra vez, … y empieza: “Dulcinea, Dulcinea”. ¡Ave María Purísima!, otra vez, dale que te pego y dale que te pego.
Participante – Llegará un momento en que esas tendencias tendrán que ir menguando.
César – … “¡Rapunzel, dale que voy para arriba! ¡Saca la cabeza por la ventana que voy para arriba otra vez!”, [risas]. Hasta que [dices]: “¿Sabes qué?, que yo me quedo tranquilo aquí, en casa. Y, si salgo… [es] casi que forzado, porque no me queda otro remedio”. Porque si no, o no comen o no se iluminan, o no sé qué, [risas] porque no te queda otra: karma, destino, llámalo como sea.
Si no [puedes], entonces, no sé, piensa en Dios; y así no estás pensando en el otro. Cambia el objeto. El objeto de pensamiento cámbialo.
Participante – Mira lo que tengo aquí [enseña la foto de Baba].
César – Exacto.
Participante – Y ayer, precisamente, fui con esa imagen… lo tengo aquí en mi escritorio, y hablo con él: “Dime, ¿qué debo hacer?”. Es como decirle: “te lo entrego a ti”.
César – Sí, pero uno realmente no lo entrega.
Participante – Eso solamente es un dicho.
César – Sí, de la boca para afuera: “Ahí te entrego a mi hermana” … “Mejor devuélvemela, que voy a pelear con ella, dámela otra vez para acá.” [Risas]. Si cambias el pensamiento de un objeto a otro objeto …, pero que este [nuevo] objeto tiene que representar – simbólicamente – paz, porque si piensas en las tortugas Ninja, bueno, no sé… [risas].
[Piensas] en aquello que te recuerde lo que crees que estás perdiendo en ese momento (paz, felicidad, amor, bienestar, estado de gracia, etc.). Del estado de gracia, al estado de desgracia… por la culpa de ese “desgraciado” [risas].
Sí, porque hacemos responsable al otro: “tú, tú, tú…”. [Con la mano hace el típico gesto de señalar con el dedo índice hacia delante (hacia el otro), y con el dedo gordo hacia arriba (que apunta a Dios) y con los otros tres dedos doblados hacia atrás, hacia uno mismo, hacia mí].
Hay tres dedos que señalan para mí. ¿Sí? [Dices que] la culpa la tiene el otro, o que la culpa la tiene Dios. Si no es el otro, es Dios (o es el de en frente, o es el de arriba): “Disculpa, ¿para qué me pones a este aquí? ¿No era un príncipe azul? Pues ahora es un sapo”. Y empiezas a pelear con éste [Dios] porque te puso a éste [el otro de enfrente con quien tienes el conflicto]; pero, luego hay otros tres dedos más que están apuntando hacia uno mismo, hacia mí, “yo”.
La persona puede que ya no esté… se fue o te fuiste tú, pero te la llevaste contigo en la cabeza. Sigues peleando con alguien que ya no está ahí, sigues peleando con la imagen que tienes de esa persona… tienes que sostener esa forma, [la mente] se alimenta de la forma, tienes que sostener esa forma y mantener su identificación con ella.
Ahí está, ahí está la caja de herramientas, pero uno tiene que agarrar el destornillador y usarlo. Si no puedo, si “peco”, si me caigo, … no pasa nada, se vuelve a intentar. Todos pasan por ahí, todos tienen recaídas. No hay culpa tampoco. “Monkey see, monkey do”, “mono ve, mono repite (o mono hace)”. Pareciera que se está diseñado para funcionar de esa manera.
Aunque yo quiera tener una vida mejor, no puedo porque en la mente tengo “la idea de vida”, tengo la impronta en la cabeza; y mi identidad con ella es tan fuerte que, quiera o no quiera, la voy a repetir: “Yo, jamás voy a cometer el mismo error… casarme, divorciarme, y poner a mis hijos…”. Bueno, pues lo haces tres veces, lo haces peor. Y de nada vale tratar de: “¡Ah, no!, lo voy a hacer mejor ahora…” Fíjate, ¿mejor que qué? De hecho, ¿yo?, ¿quién?
A la iluminación se le llega por agotamiento: ¡ufff! Ya. Y te rindes, no quiero nada más (y esta porque entendí que no me queda otra), vale, [ejemplos]: “¿Cómo lo quiere?, ¿con arroz o con papas?”. “Papas, ok, dale papas…”. “¿A las cinco?, ¿hay que buscarlo?, ¿hay que traerlo?”. “¿La lavadora?, “hay qué colgar la ropa. Cuelgo la ropa”. “¿Son las dos, el Satsang? Ah, sí, son las dos, el Satsang”. ¿Me sigues?
La gente dice que no está condicionada por el deseo, pero sí lo está… [por el deseo] anterior. [Risas]. Y lo que no deseo también aparece porque lo tengo en la cabeza como lo que no deseo. O sea que, lo que quiero y lo que no quiero se repite porque lo tengo en la cabeza. Y puede que no esté consciente de ello, pero está allí, la impronta está allí.
Así que, no pasa nada.
Incluso, [si se mira] desde el punto de vista del Dios personal: Dios no juzga… corrige; pero no odia. Y porque ama, corrige. Y tampoco se refiere a ti [como ego], está señalando a un patrón de conducta, al comportamiento, a la tendencia, a la mente.
Participante – Estas palabras son de gran ayuda, porque cuando estoy en esa situación me vienen, me viene el recuerdo de ti y de tus palabras.
César – Por eso no hay que estarse corrigiendo, midiendo, pensando en términos de evolución, progreso, avance (“estoy más cerca, voy llegando, ya estoy allí, estoy a punto, lo voy a alcanzar, no lo voy a alcanzar, …”). Todo eso son pensamientos. ¿Voy a alcanzar aquello donde ya estoy? Es más, ¿[voy a alcanzar] aquello que ya soy? (Más que decir “aquello donde ya estoy”, decir aquello que ya soy). Por eso, mientras más claro se tiene… “¿quién?”. Y la mente, otra vez, se calma.
Participante – Gracias César, te amo.
César – Igual, a la orden.
Transcripción del extracto del Satsang del 4 de julio 2025 publicado en el canal de YouTube de César Teruel como 08-05-2025 Español 2 Parte.
Segunda reunión. Tiempo – Minuto 30:00 a minuto 1:07:35.
https://www.youtube.com/watch?v=8V2eeI_mvhY
¿Ego contra ego? La paz está allí, en el medio de toda esa tormenta.
Ver video clip de la transcripción.