Quienes comprenden que los objetos sólo se fundamentan en la mente y permanecen en paz interior, tanto si se ocupan de sus tareas diarias, como si viven aislados en el bosque, disfrutan por igual de la dicha de la contemplación.
Dios (la Conciencia) mora en ti, como tú mismo, y no tienes que hacer nada para alcanzar la divinidad o auto-conocimiento. Ya es tu verdadera naturaleza y estado natural. Simplemente abandona toda búsqueda, dirige tu atención hacia adentro y sacrifica tu mente al Ser Único que irradia en el Corazón de tu propio ser. Para que esta sea tu experiencia presente, realiza la auto-indagación es la forma directa e inmediata.
La verdadera meditación no consiste en repetir palabras. No consiste en forzar la mente. Meditar significa permanecer como el Ser. Quieto. Consciente. En silencio.
Si logras mantener la indagación el tiempo suficiente, llegará un momento en que no surgirán más pensamientos; o si lo hacen, serán solo imágenes fugaces y no perturbadoras en la periferia de la Consciencia. En ese estado libre de pensamientos, comenzarás a experimentarte como Consciencia, no como mente o cuerpo.