De las enseñanzas de Ramana Maharshi por David Godman

La forma de hablar de Sri Bhagavan era única. Su estado habitual era el silencio. Hablaba tan poco que los visitantes ocasionales que solo lo veían por un rato se preguntaban si alguna vez hablaba. Formularle preguntas y obtener sus respuestas era un arte en sí mismo que requería un ejercicio inusual de autocontrol. Una duda sincera, una pregunta seria que se le planteaba, nunca quedaba sin respuesta, aunque a veces su silencio mismo era la mejor respuesta a ciertas preguntas. Quien preguntaba necesitaba saber esperar con paciencia. Para tener la máxima probabilidad de recibir una buena respuesta, había que formular la pregunta de forma simple y breve. Luego, había que permanecer callado y atento. Sri Bhagavan se tomaba su tiempo y luego comenzaba a hablar lenta y vacilantemente. A medida que su discurso continuaba, cobraba impulso. Era como una llovizna que se convertía gradualmente en un chaparrón. A veces podía durar horas, manteniendo al público fascinado. Pero durante toda la charla, había que permanecer completamente inmóvil y no interrumpir con contraataques. Cualquier interrupción interrumpía el hilo de su discurso y él volvía al silencio de inmediato. Nunca entraba en una discusión ni discutía con nadie. De hecho, lo que decía no era una opinión, sino la emanación directa de luz interior que se manifestaba en palabras para disipar la oscuridad de la ignorancia. El propósito de su respuesta era hacerte reflexionar, hacerte ver la luz de la verdad en tu interior.

~ De las enseñanzas de Ramana Maharshi por David Godman