Extracto del Satsang del 25 de abril de 2025 publicado en el canal de YouTube de César Teruel como 25-04-2025 Español – English 2 Parte.
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El señor Ratan Lal
Participante – Hola César, esta mañana estábamos hablando sobre ti y tu preceptor [maestro], el señor Ratan Lal, y teníamos la curiosidad de saber – siempre que tengas tiempo – cómo fue para ti el haberse fundido con él de esa manera. Porque nosotros no tenemos esa oportunidad y es asombroso estar con alguien que sí tuvo la posibilidad de resurgir con su maestro y que todavía siga brillando todos estos años después, queremos ser más brillantes.
César – ¿Cómo podría empezar?
Participante –¿Durante cuánto tiempo estuviste con él?
César – Desde el año 1999 hasta el año 2003.
Participante –¿Te fuiste y, después, en algún momento, volviste?
César – La última vez que le vi fue en el 2003, cuando me marché a Sudáfrica (Johannesburgo). Después [viajé] a Australia (Perth), primero a Johannesburgo, y luego a Perth. Y cuando volví en el 2005, él falleció un día después de que yo llegara.
Baba apareció en casa y dijo: “Debes asegurarte de llegar antes del 16 de julio del 2005”. Y llegamos el 15 de julio. Entonces, fuimos a su casa por la tarde. Él ya estaba en el hospital, su mujer estaba con él, y la criada Lakhsmi me dijo que no estaba bien, pero que, aparentemente, saldría adelante y lo más seguro es que volviera a casa a la mañana siguiente. Entonces fui al día siguiente por la mañana y ya se había ido. Murió en la mañana del 16 de Julio.
Baba dijo: “Asegúrate de llegar allí antes del 16 de julio”. Recuerdo que habíamos estado buscando billetes y no había ninguno disponible hasta el 21 de julio, entonces nos pusieron en una lista de espera. Nos hicieron una llamada el 13 de julio diciéndonos que habían quedado dos plazas libres, que no estábamos los primeros de la lista pero que nos darían prioridad si íbamos en ese mismo momento y pagábamos los billetes. Fuimos corriendo a la agencia de viajes, pagamos los billetes y creo que salimos el 14 de julio y llegamos el 15, porque recuerdo que llegamos a Puttaparthi alrededor de las tres de la tarde, así que debimos llegar a Bangalore sobre el mediodía aproximadamente, esperando [los trámites] en la oficina de migración, organizando las maletas, más o menos… Sí, porque en ese momento se tardaba alrededor de cuatro horas desde Bangalore hasta Puttaparthi… ahora el viaje es menos tiempo.
Participante –¿Cuál era el nombre del lugar?
César – Puttaparthi.Baba solía hacer un juego de palabras: “cuando vienes a Puttaparthi es “to putt apart the I” [poner aparte el “yo”].
… Así que, fue como una relación de “amor y odio”. Él señor Ratan Lal podía ser muy dulce y también podía ser muy duro. Así que, a veces “nos daba” con la mano izquierda y otras con la mano derecha. Había mucha disciplina. No había tiempo para tonterías o bromas. No había ninguna autorización para adorarlo, ni para que en nuestra mente nos hiciéramos ninguna idea de que él era superior o alguien en especial.
Hoy mismo, por cierto, no sé por qué estaba recordando mientras volvía en coche desde la casa de unos amigos, (a 25 kilómetros desde aquí) …, estaba recordando que él nos dijo: “estamos aquí para darte orientación y consejos, lo que hagas con tu vida depende de ti”.
Algunos de nosotros desarrollamos una relación con él, digamos que teníamos una relación cercana con él. Pero ellos [el señor y la señora Ratan Lal] no estaban interesados en una relación con nadie, ni buscaban hacer amigos en el ashram. Eran amables porque estaban viviendo una vida monástica y estaban ayudando a cualquiera que allá fuera, pero no había apego, … te ayudaban, pero ellos seguían adelante.
Así que, de alguna manera, con alguno de nosotros se construyó algún tipo de relación. Después de algún tiempo él separó, escogió a algunas de las personas del grupo que estábamos asistiendo al Satsang y, en un momento determinado, decía: “vengan a mi casa ahora” o “vengan 15 ó 20 minutos antes de comenzar el satsang”. No pasamos mucho tiempo en privado con él. Y, sobre todo, era [un motivo] práctico y para supervisarnos, chequearnos. Algunas veces, simplemente, nos probaba y nos enseñaba, a través de una conversación aparentemente normal, [por ejemplo]: “¿qué estabas haciendo?”, “¿cómo te va?”, “¿fuiste hoy al darshan hoy?”, “no”, “¿Por qué?”, “Bien”, ¿Cómo estás?, “¿perdiendo el tiempo charlando, charlando?”, “¿charlando sobre esto y aquello?”, …
Así que, al final, el último tiempo que pasé con él, no sé si fue alrededor de un año… Al final de ese año la relación se volvió indescriptible. No hacían falta palabras porque eran los últimos remates [al ego]. Todo lo que quedaba ya se había ido y, de alguna manera, la relación pasó a un nivel completamente diferente. Incluso, la comunicación ni siquiera ya era verbal, podíamos entendernos solo por signos, básicamente mental. Recuerdo una vez que el Satsang había acabado y después me fui a su casa, y él estaba dando Satsang en el porche de su casa, … él no podía caminar ni siquiera hasta el jardín. Estaba solo, a 30 metros de su casa (simplemente saliendo y dando la vuelta a la casa) y había un jardín. Recuerdo que salí del edificio y [él] estaba de pie afuera y rodeé el porche, salí del edificio y tomé la calle y esa calle pasaba por el frente de donde él estaba; estaba de pie y me hizo un gesto muy leve con el dedo que tenía apoyado en su barbilla. Y corrí de vuelta porque sentí que me estaba llamando, fue como un pequeño gesto con su mano. Llegué a donde él estaba y le dije: “¿sí, señor?”. Él dijo: “no, no, nada, solo quería saber si sabías el significado de esto [del gesto]”. Era ese tipo de … [unión].
Después de un tiempo de eso, tuve que abandonar la última creencia, la idea de “las relaciones románticas espirituales”. La “media naranja espiritual” y estaba en un momento muy difícil en mi vida (si se puede decir así). Tuve que tomar una decisión muy importante. Al final, no tuve que tomar la decisión, la otra parte la tomó. Así que me entregué [rendí] por completo, solo dije: “eso es todo, no hay nada que pueda hacer porque si tomo una decisión será un desastre”. Así que, todo encajó por pura rendición, rendición absoluta, eso es todo.
Participante – ¿Crees que es la única forma?
César – … La única forma. La indagación y la rendición son lo mismo; es, simplemente, renunciar a cualquier cosa que quieras, cualquier cosa que sabes debe abandonarse. Y la primera cosa que sabes es “yo soy el cuerpo”. Pero esa idea no desaparece a menos que las otras ideas – se adhieran a ella o no – sean lo suficientemente débiles. Así que eso es todo. Hubo un momento en que a partir de ese día la relación se volvió extremadamente, extremadamente…, cuando me dí cuenta de lo que él quería decir. Justo cuando esa última tendencia había desaparecido totalmente … Entendí eso y, simplemente, todo desapareció. Pero sabía que no podía hacer nada en aquel momento porque sería un desastre. Y ahí fue cuando dijo: “ok, ahora empieza a hablar tú”.
El nunca permitió… al menos a mí, nunca me permitió hablar hasta estar seguro de que toda la cosa estuviera clara.
Participante – ¿Te refieres a hablar en el sentido de la Enseñanza?
César – Sí. No solo era yo el que estaba allí en ese momento, pero ahora estoy hablando de mi historia con él. Hasta el punto en que el señor Ratan Lal dijo: “está bien, yo me quedo en la habitación y tú sales y te ocupas”. Eso no significa que yo fuera el elegido… sucedió que yo estaba allí en ese momento.
Es [en esa situación o momento] cuando yo le digo que no quiero hablar con nadie, y me preguntó: “¿por qué?”. Yo le dije: “Pues porque yo soy el señor ‘Don Nadie’, y tú eres el señor Ratan Lal, no quieren verme a mí, quieren verte a ti”. Porque, realmente, yo no quería hablar con nadie de esto, no estaba interesado en enseñar, compartir, … nada.
Me dijo: “ok, bien, muy bien. Ven, salgamos juntos… ellos pueden verme, porque quieren verme a mí, saben que pueden verme, … pero tú puedes hablar con ellos, puedes responder las preguntas.” No pude escapar.
Entonces, salimos juntos, él se sentó en su silla y yo me senté a su lado. Preguntó: “¿alguna pregunta?” porque si no había preguntas, después de cinco minutos él decía: “ok, está bien, si lo que quieren es silencio no tiene sentido estar aquí, no me necesitáis aquí…” Y, se puso de pie dispuesto a irse.
También esto forma parte de la cultura de allí. Baba todavía estaba vivo y por eso él es el gurú, nosotros somos devotos, incluso si tú habías comprendido, él era el único allí. Era una especie de… Cuando estábamos hablando de eso [Enseñanza], nunca considerábamos que este Conocimiento fuera nuestro, era suyo. Él nos dijo que enseñáramos. También es una especie de… primero, sentimos que era lo correcto. Y segundo, eso inspira al buscador, “si yo no siento respeto por mi propio gurú, ¿cómo puedo esperar respeto de alguien?” Y también, era una forma de explicar la aproximación correcta a esta “cosa” llamada “espiritualidad”.
Empecé así, saldríamos juntos, él se sentaría, la gente haría preguntas, yo respondería. De vez en cuando el señor Ratan Lal añadiría algo, haría un comentario … Así fue cómo comenzó. Llegó el momento en que pensé: “bueno, tengo que irme”. Y me fui a Sudáfrica, continué con mi vida. Regrese [a su casa] a por alguna cosa y él me dijo: “Jesús, eres joven y testarudo, y parece que te llevará un tiempo darte cuenta por ti mismo de que lo mejor que puedes hacer es esto”. Le dije que al día siguiente me iría por la mañana, y fui a verlo la tarde [anterior] para despedirme. Fue la última vez que lo vi.
Recuerdo que estaba sentado en el salón de su casa, en una silla, su mujer en otra silla, y… no pudimos decirnos ni una palabra… fue como un… [silencio] es como un romance, fue como el amor más profundo jamás vivido. Incluso, no podía decir adiós. Sólo nos miramos el uno al otro. Dijimos “eso es todo” … Recuerdo que no llevaba su dentadura y, él se quedó sin poder decir nada, y yo tampoco pude decir palabra. Después él hizo un gesto con la mano, como si lanzara un beso desde su boca sin dientes. Fue lo más lindo del mundo, no pude aguantar más, tuve que darme la vuelta y alejarme. Esa fue la última imagen que tengo de él.
Después de un tiempo regresé a la India y lo que era necesario que pasara, pasó. Comencé a enseñar porque esa era su voluntad. Su esposa me dijo: “Escucha, tienes que empezar a hacer esto, es lo que él quería”. Y me dije a mí mismo: “mierda, no puedo escaparme de esto”.
Participante – Él te lo transmitió. Así que, para eso te estaba preparando cuando te llevaba a enseñar con él.
César – Sí. Al cabo de unos meses, otros dos chicos se unieron, … Mejor dicho, más que unirse a mí (suena a “yo soy el único”), íbamos juntos. Uno de ellos era mitad alemán, mitad indio y el otro era de la zona de la frontera ítalo-suiza, y luego se convirtió en monje… se unió a la congregación de los monjes de San Francisco de Asís. Shanti es un tipo genial y simpático, me encontré con él en Berlín un par de veces, y luego en la India.
Después, había otra gente. Estaba Joe, de Colombia; estaba Denisse, de Suiza; estaba Sakamoto, de Japón; Ana, de Argentina; Carol, de España. Ratan Lal escogió a estos chicos y empezó a darles “fuego”. Solíamos ir 15 ó 20 minutos antes de la charla y pasábamos un tiempo con él, y luego íbamos a la charla juntos o, a veces, él mandaba a llamar de modo separado a “éste” o “aquél” para que fuéramos a su casa. Y teníamos una sesión individual, o sólo con tres de nosotros, … Siempre había esa atmósfera de mutuo respecto. Él se preocupaba como un padre, incluso a veces cuidaba hasta de cosas personales. Así que, podría decirse que algunos de nosotros tuvimos algún tipo de trato personal o familiar.
Su esposa también era como él, ella era el elemento de la casa que nos mimaba. Cuando íbamos a casa del señor Ratan Lal, a veces, simplemente nos “escupía fuego” [agitaba] y, después él se iba a su dormitorio. La esposa nos estaba esperando y nos decía “vengan, vengan, vengan, … siéntense, siéntense”. Y nos ofrecía una galleta, o un té, o algo así… Sabía que estábamos “ardiendo” [hirviendo] por dentro… entonces ella decía “… os gustará”.
A veces, ella se quejaba ante él: “Lali, ¿por qué tratas a estos chicos de este modo?, … No vinieron a verte a ti, vinieron a ver a Baba, y tú los tratas así…” Él la respondía: “¡Venga, ellos saben lo que estoy haciendo!”.
Resulta difícil [hablar de esto], lo estoy haciendo lo mejor que puedo para ponerlo en palabras.
Participante – Pero es bueno escucharlo porque no es un camino lineal y fácil, … Es un desafío, especialmente, cuando no tienes una conexión constante.
César – Tienes que dejar caer todo lo que esté ahí, soltarlo: “esto no es, esto no es …” No hay elección. Todas las tendencias tienen que desaparecer.
Participante – Pero no se van tan fácilmente, vuelven a aparecer en la superficie y luchan contigo, y luego, … ¿se hace más difícil liberarse de ellas?
César – Depende de cuán arraigadas estén… depende de la cantidad y de cuán profundamente estén arraigadas dentro de ti, porque la mente y las tendencias son idénticas… el pensador y los pensamientos, el creyente y las creencias, el sujeto y sus deseos… todo eso es uno. Entonces, no tiene sentido ir tratando de eliminar tendencia por tendencia. Se irán, pero no eliminándolas una a una, sino yendo a la raíz de todas ellas, yendo a la tendencia raíz porque la identidad corporal [“yo soy el cuerpo”] es una tendencia, es una predisposición.
De hecho, uno nace con esa tendencia [raíz] y, luego ésta se despierta… la tendencia está ahí en un estado latente. Después de cierta edad, el mundo exterior, el mundo, lo de afuera – a través de la familia, los amigos, la sociedad misma – llamarán [al ego], lo despertarán, … y, después lo reforzarán, lo fortalecerán: “tú eres esta persona, tú eres esta persona, eres un hombre, eres un muchacho, este eres tú, este eres tú…”. Entonces, automáticamente, la tendencia de la mente a identificarse con el cuerpo se despierta y aparece [el ego]. Luego, has de traer la tendencia raíz [el ego] a la Fuente. Al hacer esto, las tendencias se disuelven … Cuando se lleva a la mente a su Fuente, entonces es cuando la mente se lleva consigo a todas las tendencias y éstas comienzan a disolverse en la Consciencia.
Puedes tener una ausencia temporal del sentido de ego, … puede ser una fracción de segundo, diez segundos, quince minutos, media hora, una semana, un mes, … ¿quién sabe?, pero puede que [el ego] no esté completamente muerto, que todavía esté ahí en un estado latente, todavía está latente, como lo está en el sueño profundo (porque el ego se funde en la Consciencia en el sueño profundo), pero el ego no está muerto, sino que renace, se reencarna de nuevo, … muere y reencarna, muere y reencarna. Así que todo eso, el sueño profundo, incluso el Nirvikalpa Samadhi … no matan al ego, simplemente lo vuelven inactivo… a esto se le llama laya [manolaya], un estado mental llamado laya, una ausencia [del ego] impermanente, no está completamente destruido.
Después, debido a que algunas tendencias todavía están ahí, nuevamente, se despertarán otra vez y traerán al ego consigo (las tendencias y el ego) … Así que, llevas el ego a la Fuente y te llevas a las tendencias con él. Pero, luego, las tendencias arrastran al ego hacia “atrás” [lo vuelven a sacar de la Fuente hacia lo fenoménico]. Así que, la inmersión de la mente en su Fuente debe continuar, o el fundirse la mente en su Fuente… hasta que desaparezca; es decir, hasta que muera la creencia de que el Ser está limitado al cuerpo y de que muere. Y eso no quiere decir que no continuaras refiriéndote a ti mismo como un cuerpo para los asuntos prácticos de la vida, pero la identidad con el cuerpo ya no estará allí. Te refieres a ti mismo como el cuerpo, sabiendo que no eres el cuerpo.
Así que, la actividad física continúa, la actividad mental continúa, …pero, aun así, eres consciente de que eres Consciencia, eres la Fuente de todo ello, el Sustrato de todo ello, el Testigo de todo ello … y todo ello, finalmente, desaparecerá. De esta manera, permaneces autoconsciente de ti mismo las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, a pesar de la condición física, la condición mental, de los estados mentales (el estado de vigilia, el estado de sueño con sueños, y el estado de sueño profundo).
Entonces, [el señor Ratan Lal] nos estaba señalando, mostrando, las cosas que nosotros no podíamos ver para que salieran a la superficie.
Participante – A veces no eres consciente de ti mismo…
César – Cierto, si fueras consciente de ellas [tendencias] no surgirían. O, si surgen y te das cuenta de ello, desaparecen. Entonces, si surgían, él te lo señalaría, lo olería como un “tú” [un ego]. Fue divertido. Era como estar delante de una máquina de rayos X. Siempre sentíamos que estábamos expuestos, que no había forma de que pudiéramos ocultarle nada. A veces, incluso, él te decía: “ok, está bien, disfrútalo durante un tiempo, …” Te dejaba correr un rato y, luego tiraba de la cuerda hacia atrás.
Recuerdo que [el señor Ratan Lal] le decía a alguien que sólo tenía que ver su cara para saber exactamente qué hacer con él. Así que, fue muy … Nos sentíamos como si fuéramos diamantes en bruto y él, simplemente, estaba eliminando hábilmente toda la basura que estaba ocultando, cubriendo ese diamante. Decía que a veces se sentía como un sastre, mirándote, haciéndote un corte aquí, una costura por allá, luego un corte aquí, una puntada … Podía quemarte con su mirada o derretir tu corazón con una sonrisa. Quiero decir que … [hace un gesto con las manos de balanceo, de ir de un lado al otro], te volvería loco y nunca lo entenderías. Era impredecible. Él nunca sabía con qué iba a salir, porque ni siquiera él sabía qué es lo que iba a hacer o decir, era espontáneo.
Su esposa también… ella era más bhakti, más devota; él era más jñana, más intelectual. O sea que, pudimos tener un poco del gusto, del sabor de ambos, y darnos cuenta de que es lo mismo, la actitud es la misma.
Participante – Así que, ¿su esposa también estaba iluminada?
César – Bien, nosotros no usamos esos términos para referirnos a ellos o a nosotros mismos, pero sí, se podría decir que el ego no estaba allí. La importancia personal, el ego personal, simplemente, no estaba allí. Podías sentirlo, es como si pudieras sentirlo de alguna manera. Intuitivamente lo sabes. Y no tienen por qué decirlo, nunca lo dijeron. Ellos nunca afirmaron que fueran seres iluminados, considerarían que decir eso sería absolutamente ridículo. Pero el comportamiento, y algún tipo de timidez interna o algo similar, ese “algo” que ves ahí, sí, ahí está, a pesar de su comportamiento, de sus personalidades, de sus modos humanos… se podía ver que había “algo” ahí y se podía reconocer, y ese “algo” nos estaba tirando, [reconocíamos] cómo allí nos estaba tirando a nosotros. Nos sentíamos atraídos por ello.
Su esposa, la última vez que la vi fue en mi último viaje a la India. Ella murió después de dos o tres semanas de haberla visto. Ya tenía cien años, y estaba ciega, … no del todo, pero sí bastante. Ella podía reconocerte o saber quién eras, su cerebro era afilado como un cuchillo. Se podía ver que interiormente era perfecta. Recuerdo que dijo: “mira, ya ni siquiera puedo mirarme, ya ni siquiera puedo lavarme el pelo, no sé por qué aún seguimos aquí, ¿por qué no irnos?” … ella estaba diciendo… “bien, tú sabes bien qué hacer, debemos esperar nuestro momento.” Así que, podías ver los resultados, se podía ver que había una actitud viva de despertar, una completa indiferencia y un estado de no ser afectado por las condiciones físicas, circunstancias, etc. Así que su mente estaba absolutamente clara.
Fue sorprendente ver a [estas dos] personas – que provenían de un entorno tan rico y un estatus social tan alto – vivir de aquella manera, fue asombroso verlo. No podías ignorar sus modales, ni su educación, ni todo su conocimiento… nos mostraban fotos de ellos con Eisenhower y Churchill…
Participante – ¡Oh!…
César – Sí, porque ellos eran miembros de alto rango del gobierno y, además de eso, eran personas de negocios … Así que eran ricos gracias a sus negocios y ocupaban altos cargos en el gobierno. Entonces, veías que ellos eran una Maharani [princesa] y un Maharahá [príncipe], … como príncipes. Y, tal vez, quizás no tuvieran ese estatus, pero todo su trasfondo y experiencia se acercaba a eso.
La señora Ratan Lal nos dijo que el señor Ratan Lal tenía cien sirvientes en su casa, cuando vivían en Lahore. En realidad, eran de Pakistán, de Lahore… y con la partición – porque no eran musulmanes – con la partición de la India, el movimiento de independencia y todo eso …, todos los hindúes tuvieron que mudarse a India y todos los pakistaníes se tuvieron que ir a Pakistán. Debido a la relación política y diplomática, terminaron en el gobierno; y en los negocios les fue muy bien. Parece ser que en la casa de Bombay tenía cuatro pisos y ascensores … Desde su infancia estuvieron influidos por la espiritualidad. Solían traer a santos y sadhus a su casa… cientos. Los alojaban en su casa y los mantenían allí durante meses y les proporcionaban comida y refugio y, después tendrían satsang con ellos. Esto es algo muy común en las gentes ricas y espirituales de la India.
Así fue hasta que se encontraron con Baba, …
Ellos nunca irían a Puttaparthi [sin consultarlo]… sino que Baba les diría cuándo ir a Puttaparthi. Baba les decía: “yo les diré cuándo ir… simplemente irán allí y lo sabrán”. Baba: “Cuando vengas, ya te diré cuándo será la próxima vez que vuelves”. Dicen que en aquellos tiempos había una obediencia completa y absoluta a él. Lo que sea que Baba dijera y eso era todo. No discutías y no te atrevías a desafiar eso, o a contradecir eso, o … Les decía que fueran en tres meses, y eran tres meses. Si era fiesta, pues era fiesta. No era así como decir: “ok, estoy libre y voy para allí y aparezco”. Él te rechazaría. [Baba:] “¿Te dije que vinieras?, pues ¿por qué vienes?” … y él te ignoraría. Al parecer las experiencias con Baba también fueron muy interesantes, y también bastante duras. Baba a veces era muy duro. La disciplina era todo allí, lo era todo.
Y cuando fueron allí [el señor y la señora Ratan Lal], no había ningún ashram, nada. Baba estaba viviendo en… creo que era como una especie de cobertizo de paja, junto al río Chitravathi. Tenían que dormir en las orillas del río, en el suelo, a la intemperie, y tenían que caminar, no sé, … kilómetros hasta un pozo para traer agua, para poder cocinar y ducharse. Quiero decir que, estas personas tuvieron que pasar por todo eso. Lo que les solía llevar tres horas y media o cuatro horas de viaje en un coche, les llevaba tres o cuatro veces más en un autobús. Estas personas fueron valientes para dedicar todo ese tiempo. Y él les decía: “Ustedes lo tienen tan fácil, tan fácil, y todavía se quejan”. Todo lo que tenían que hacer era venir y pasar dos o tres días con él. En aquel tiempo todo se trataba de autorrealización [autoconocimiento]. No existían todas esas actividades sociales, ni servicio, ni ashram, nada… Era todo acerca de la autorrealización.
Esos pocos devotos juntaron el dinero y construyeron el ashram, y todas esas cosas. Luego, crearon la revista, trajeron las máquinas de impresión y todo lo necesario para la publicación de libros y demás. Todo eso empezó a crecer y Baba no les permitió vivir en el ashram hasta que se jubilaron. Decía: “El karma no ha terminado, cuando el karma termine vendrás a vivir conmigo, de lo contrario no vengas, te quedas allí [en tu casa], vienes y te vas, ven y vete, ven y te vas…”. Solo cuando esa parte de la vida se hubo terminado, entonces se mudaron allí permanentemente. A Baba no le gustaba que fueras allí solo por el gusto de ir. Incluso, si tenías los medios para hacerlo. Se iba allí para recargar las baterías. Eso es todo, “cargas tus baterías y te vas. Cuando te quedes sin batería, vuelves otra vez”.
Y si llegabas allí, tenías que hacer algo, algún tipo de actividad, trabajo, lo que fuera… De lo contrario, decía: “¿qué sentido tiene?” Pero, si ya estabas jubilado, entonces era diferente, … Incluso si esas personas estaban jubiladas, aun así, estaban haciendo algo allí.
Me quedé sorprendido cuando vi allí a una princesa, era una princesa real, que estaba sirviendo comida en la cantina. Creo que tenía otras responsabilidades en la cantina occidental. La veías todos los días en el mostrador de la cantina, sirviendo comida a la gente. Se podía ver que esa mujer era una persona de clase alta, ya sabes, sus modales, su postura… Incluso cuando estaba vestida con ropa sencilla, se notaba que había algo allí que… era una princesa. [Palabras del señor Ratan Lal]: “Abandonamos todo y simplemente, fuimos allí y prestamos servicio para siempre”.
Vimos muchos tipos de personas allí, con la actitud correcta… lo que, realmente, es un buscador o devoto, el modo en que ellos se aproximaban a él y los beneficios que tenían por eso. Ellos eran una especie de ejemplo, un punto de referencia.
También conocimos a algunos occidentales que eran gente encantadora. Vimos al presidente de la compañía Tata (un gran grupo de empresas que fabrica satélites, automóviles, propietario de la cadena de hoteles Taj en India, etc.…). Este hombre desayunaba todos los días en cada uno de sus hoteles y nadie sabía que él era el propietario; desayunaba como un simple cliente, pagaba su comida y se iba. Era un hombre encantador. Tuvimos la oportunidad de conocer a algunas de estas personas. Estábamos en la casa del señor Ratan Lal cuando estaban allí…. Y vimos cómo se trataban entre ellos. Fue… no sé …
Es muy duro ver hoy en día – especialmente en los occidentales – que algunas veces se toman las cosas con tanta trivialidad, ligereza. Me acostumbre a ello, soy occidental y conozco sus costumbres, formas, … Pudiera ser que estuvieran interesados, tal vez no profundamente, al menos superficialmente, pero mientras estuvieran interesados, tratamos de llevarlos por el camino recto, y con el enfoque y la actitud correctas.
¡Uff!, puedo contarles miles de historias. ¿Cuántos años pasé allí? Desde 1999, alrededor de unos cuatro años, pero fue muy intenso. Es un lugar para arder, es un horno, es un lugar para “cocinarse”, allí todo hervía. Y si no se derretía allí, se derretiría después de que salieras de allí porque todo tu mundo se iba a ir a pique. Cualquier “cosa” que estuviera dentro, iba a salir afuera a través de algo externo que lo despertara. Y todo eso iba a empezar a … oh Dios.
Participante – Así que fueron cuatro años a tiempo completo.
César – Fueron cuatro años intensos, todos los días. La espiritualidad era las veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, era constante. La atmósfera estaba saturada de ello.
Normalmente – lo hacía alguna vez – iba a “Nagasham Kirtan” por la mañana, son bhajans [cantos religiosos]. Íbamos cantando bhajans caminando alrededor del ashram, para que todos despertaran… esa era la alarma [risas]. Incluso antes de eso, se realizaba el Suprabhatam [canto devocional recitado al amanecer para expresar reverencia al Absoluto], que es un ritual, una canción para despertar a Dios, y la letra dice: “Oh, mi señor, despierta. Las aguas te están esperando. Por favor, sé amable y danos tu darsham” … Era una canción hermosa que solía ser cantada por una mujer.
Después… cola. Había [que hacer] cola tras cola. A las 5.00 de la mañana ya estabas en una cola esperando a la charla, para entrar y ver en qué fila te tocaría: primera fila, segunda fila, … última fila, la que fuera. Y estabas allí sentado durante hora y media, simplemente esperando. Eso es disciplina. Esperando pacientemente, tener que esperar. Luego, distribuirían las filas y formarían veintiuna filas y, esa fila, continuaría… uff [muy lejos], no se tenía ni idea cuántos seríamos.
Estábamos en la puerta del ashram desde las 4.30 de la mañana para tener la oportunidad de sentarnos justo al frente, para no estar al final, porque una fila puede ir la primera, pueden estar hablando y luego, [alguien llamaba]: “número uno, número dos…” y esa fila entraría, pero si estás al final [fila veintiuno] podía haber setenta u ochenta personas en esa fila.
Entonces, te sentabas allí y esperabas durante otra media hora hasta las siete en punto, en que Baba venía y asistíamos al darsham. Eso también era disciplina, no había juegos, todos se comportaban. Y, si teníamos suerte, el darsham duraba veinticinco minutos, media hora. Había que aguantarlo porque había una posibilidad… Entonces lo supimos, empezamosa absorber todo lo más que podíamos.
A las siete y media él [Baba] llamaba a la gente a la sala de entrevistas, o él se iba solo a la sala de entrevistas y, normalmente, no salía hasta las nueve. Esa era la hora de los cantos de los bhajans durante otros veinticinco minutos.
Así que, cuando los bhajans terminaban todos íbamos a la cantina a desayunar. Después de haber entrado [por la mañana temprano al templo o mandir] podía guardarse el mismo sitio [que te había tocado ese día], y después del desayuno volvías y te quedabas en tu lugar. Después del desayuno todos volvían a su lugar, todo el mundo respetaba eso. Bhajans desde las nueve hasta las nueve y veinte, aproximadamente.
A las nueve y media Baba salía de nuevo y se iba a su casa.
Después, el satsang a las diez en punto hasta las once. A las once y media, hora del almuerzo, íbamos a la cantina. Luego, un pequeño descanso a la una en punto.
A la una y media como muy tarde, otra vez, … hacíamos cola hasta las tres de la tarde, esperando de nuevo para el darsham [los devotos contemplan la imagen de su deidad] en el interior del templo.
A las tres de la tarde darsham, hasta las tres y media. Luego, esperabas hasta las cinco para los bhajans. La mayoría de nosotros nos quedábamos allí meditando o, simplemente, nos quedábamos “congelados” [quietos], sin poder hacer nada, simplemente se ha ido, pero no podías moverte, solo te relajabas… sin ningún deseo o intención de ir a ningún lado, solo te quedabas allí hasta las cinco de la tarde.
A las cinco se cantaban los bhajans otra vez hasta las cinco y media.
Después, normalmente te ibas a dar una ducha, cenabas, y a las siete de la tarde ya estabas noqueado. O sea, a las ocho te quedabas dormido porque, normalmente, nos despertábamos a las tres y media o cuatro de la mañana.
Así que, así era cada día, quedabas saturado de toda esa atmósfera. Y si tu actitud y tu enfoque eran los adecuados, entonces había un gran beneficio. Y, la mayor parte del tiempo, en silencio. Hablábamos lo menos posible, socializábamos lo menos posible, únicamente te centrabas en tus propios asuntos, en ti mismo, ya fuera interna o externamente (internamente, en lo sin nombre y sin forma; y externamente, en lo con nombre y con forma).
Y la mente jugaba sus trucos, sabías que todo eso [tendencias] saldría afuera… fantástico. Pero si tenías la guía adecuada podías aprovechar eso a tu favor. Puedes usar al ego contra el ego. Siempre teníamos al señor Ratan Lal disponible para alguna pregunta o curiosidad sobre cualquier cosa (Baba…, esto…, aquello…, etc.). Tuvimos esta clase de ayuda.
Uno de nuestros compañeros estaba en la sala de entrevistas con Baba… la puerta estaba abierta y podía verse al señor Ratan Lal sentado en el porche del mandir [templo]. Baba le dijo: “¿ves a ese anciano de allí?”. Le contestó: “Sí, Swami”. Baba siguió: “Es el señor Ratan Lal”. “Lo sé”, respondió. Dijo: “Haz lo que él te diga, es uno de mis mejores instrumentos.” Así que estábamos en buenas manos, tuvimos la suerte de estar en buenas manos.
Habitualmente, había una gran diferencia entre escuchar las palabras, la interpretación occidental de lo que Baba enseñaba, la espiritualidad, vedas…, a escucharlas de estas otras personas como el señor Ratan Lal… Era completamente diferente, eran otras palabras. Siempre fue directo al grano, simple. Simple, siempre simple. No había nada complicado, sin adornos. Simple, directo y simple.
A veces la gente decía al señor Ratan Lal: “Swami, [Baba] no me ha visto hoy” …
Y él respondía: “¿Tú has venido a que él te vea a ti, o para verlo tú a él?” [Risas]. “Míralo a él. Si lo ves, es suficiente; míralo, eso es suficiente. Pon tu atención ahí, eso es suficiente. Incluso si no dice nada, simplemente lo miras, eso es todo, el foco ahí… eso es todo”. Mantén tu atención allí…, ya sea ahí [en él], o aquí [en ti mismo] (tu atención dirigida, bien sea, o hacia lo “sin nombre y sin forma”, o hacia “lo con nombre y con forma”).
Básicamente, era eso: atención, atención unidireccional… eso es todo.
Algunos decían: “No, porque esas personas dicen que…”.
Él respondía: “¿El qué dicen? ¿Y qué te importa? ¿Para qué viniste aquí? ¿Para qué? ¿Para ver lo que la gente hace o no hace …? ¿Para qué?” … Sí, simple y directo, siempre. Te agitaba… de un modo muy simple.
Recuerdo que una vez, alguien estaba juzgando [a otros]: “Dirigimos centros secundarios en nuestro país, hacemos ofrendas todos los domingos, vamos a sesiones de bhajans todos los días, somos vegetarianos, seguimos sus enseñanzas …, [pero Baba] nunca nos concedió una entrevista. Ahora Baba concedió una entrevista a una familia que conocemos, y ellos son gente común que no van a los centros, no son vegetarianos, beben y fuman, y se entregan a las adicciones, …”
El señor Ratan Lal les dijo: “Estás cometiendo dos errores, primero los estás juzgando y, segundo, ¿quién eres tú para decirle a Dios lo que tiene que hacer o no hacer? Si crees que él es Dios, entonces, ¿quién eres tú para decirle qué hacer o no hacer, … a quién hablar o no hablar?”
En resumen, fue así: directo y simple, ¡pum!, ¿pum!, y ¡pum!… eso es todo. Estar con ellos fue así. No sé cómo llamarlo … bendición, buena suerte, … no sé. Y muy agradecido de haberlos encontrado.
La señora Ratan Lal estaba cocinando siempre, prácticamente todo el día cocinando. Tenía un descanso después de las cinco. Después de un darshan ya tenía preparada la cena. Cocinaba para Baba tres comidas al día. Tres comidas y lo que llaman merienda; desayuno, almuerzo, merienda y cena. Así que ibas allí y ella estaba o cocinando o preparando los vegetales para cocinar. De algún modo u otro, también estaban ocupados haciendo otras cosas.
¿Recuerdas a Ana, de México? (una dulce mujer), …Ratan Lal le preguntó: “Querida, ¿qué haces aquí?”. Ella solo dijo: “Ayudando a la gente”. Él le preguntó: “¿Para qué?”. Ella: “Dicen que cuando ayudamos a la gente, que cuando prestamos servicio, nos olvidamos de nosotros mismos”. La idea es olvidarnos de nosotros mismos, que el “yo” egoico sea olvidado. Olvidas quien crees ser, ves que tu ego se desvanece durante la acción.
Tiempos de oro… Ese lugar [Puttaparthi], hoy en día, es una historia completamente diferente. Quiero decir que la vibración todavía sigue allí, pero nunca será lo mismo… tuvimos suerte. No quiero decir que tuviéramos un privilegio o una bendición. Simplemente, tuvimos suerte de estar allí y de ser testigos de todo eso.
Si tu mente era lo suficientemente pura, o si eras lo suficientemente sincero sobre el tema… ufff… solo el hecho de estar allí hacía que todo fuera más ligero, incluso la agitación, la superabas fácilmente. Es difícil de explicar, tú veías todas las tormentas en tu cabeza, pero era como si casi no tuvieran ningún peso. Así que era fácil despegarse de todo ello, solo por estar allí.
Me impresionó tener la misma experiencia: estás en la ciudad … – la escena es particular – simplemente, cruzas la puerta del ashram y es como… [hace un gesto de expansión y relajación]. Lo mismo pasó en Tiruvanamalai cuando solía ir al ashram de Ramana. Simplemente, cruzas la puerta, entras, … y toda la vibración cambia.
Participante – …Tus problemas ya no parecen reales…
César – No, no lo son. No molestan. Todo eso pierde su importancia absoluta. Siempre estás, de algún modo, en el presente. Se trata solo de este momento, una especie de … No lo sé, es interesante, es difícil de explicar aquello… Difícil de explicar.
Por un lado, tienes algo en la cabeza, pero por otro, tus pies se mueven ligeramente, por el camino se caen [los problemas]. Dices: “Solo tómalo, no sé qué hacer con eso, tú tómalo. Pongo esto a tus pies, llévatelo, no sé qué hacer”. Y lo olvidas. Rara vez ves a alguien que dice: “tómame” … Ver a alguien ofrecerse a sí mismo, en lugar de ofrecer algo, en lugar de renunciar a algo, … [sino] renunciar a sí mismo, ¿verdad?
El coco que ofreces a Ganesha, … cuando lo estás rompiendo … ese [coco] es tu ego, lo que estás rompiendo es tu ego, ese coco representa el “yo”. Normalmente, la gente lo hace [este gesto simbólico de romper el coco] como si fuera una transacción comercial-espiritual: la gente sacrifica algo, pero pide algo a cambio; ofrecen algo a cambio de que otra cosa venga de vuelta.
Había una pequeña niña, de Occidente, creo que todavía vive, ahora ya es una anciana. A veces la gente va a su casa y le pregunta sobre sus experiencias con Ramana. Vive en las montañas. No recuerdo su nombre, Kati o Kiti, no recuerdo…
Hay una foto muy famosa de Ramana en un libro sobre la historia de Ramana, con fotografías. [En una de esas fotos] aparece una niña británica de Occidente, con el pelo rizado, tan linda.
Pues …, normalmente, se ponía una mesa cerca del lugar donde Ramana solía sentarse, la cual era para donación de comida o lo que fuera, y allí la gente depositaban sus ofrendas. Simplemente, él las miraba y ya está. Él nunca, nunca bendecía … Y, ocasionalmente, tocaba esas cosas, pero no … Entonces, esta niñita vino al satsang y se sentó en la mesa de las ofrendas… y se postró.
Ramana dijo: “Bien, bien, muy bien. Esto es maravilloso, es la primera vez que alguien se ofrece a sí mismo”. Ofrecer el ego es un sacrificio. “Bien, bien, muy bien, … es muy raro que alguien haga eso”, decía Ramana.
Bien, chicos, podría continuar y continuar… Suma cuatro años juntos, … cinco, no lo sé.
Participante – Muchas gracias César, y gracias por hacer lo que haces porque nos ayuda mucho.
César – De nada, hasta mañana.
Día 25 de abril 2025. Segunda sesión. Minuto 38.
https://www.youtube.com/watch?v=SlDLpmcBamI
El señor Ratan Lal
Ver video clip del extracto.
El audio está en inglés