Aquel que carece de ego es un yogui. Haga lo que haga, él no es el «hacedor». En cambio, las personas con ego no pueden permanecer sin hacer nada; su mente está en constante actividad. Quien duerme en un tren en marcha no se ve afectado por el paisaje que se ve a través de la ventanilla. Cualquier acción que realice el yogui equivale a que Dios mismo esté realizando la obra. Para el yogui, da igual que esté despierto, durmiendo o en meditación.
Se define al yogui como aquel que no tiene ego. Todos podemos convertirnos en yoguis si así lo deseamos. Debemos estar dispuestos a desprendernos de nuestro ego y a renunciar al estatus que hemos construido tras años de esfuerzo. Hemos de entregarle a Él todos nuestros apegos —hacia personas y objetos— y dejarlo todo en Sus manos. Entonces seremos yoguis, independientemente de si alguien nos reconoce como tales o no. Solo otro yogui puede reconocer a un yogui. Así pues, tras habernos entregado, seguiremos viviendo en ese estado, libres de apegos y de ego. ~ Ramana Maharshi